
La artista
Jéssica M. Añazco
Todo empezó con un corazón de yeso pintado a mano para una amiga. Hoy, Jéssica dedica sus días a pintar alas doradas y corazones que viajan a casas de todo Chile.
Cada pieza se lija, se pinta y se detalla a mano, capa por capa, con pinceles finos y pan de oro. No hay moldes ni impresiones: los pequeños desniveles del trazo son la firma de lo hecho a mano.
"Me gusta pensar que cada corazón se queda con la historia de quien lo recibe", dice Jéssica.
